banner-quienes-somos

Todas las historias merecen ser contadas y esta no es la excepción; estamos seguros que te resultará de agrado porque en ella se encierran valores como el trabajo duro, la unión y la solidaridad.

Pero no se trata de la típica historia feliz; encontramos grandes lecciones y sacrificios que marcaron el alma y forjaron la personalidad de esta Cooperativa y de sus asociados.

Empecemos por lo primero y más importante. Imaginate un pueblo rodeado de grandes y altas montañas, alejado de otros lugares: Santa María de Dota. Esos años en los que no había carreteras, ni electricidad, ni teléfono, ni servicio de transporte público. Sí, la vida de antaño era simple pero complicada.

La gente de este pueblo se dedicaba a la agricultura y ganadería para sobrevivir. Eran años duros. Don Alejo Morales, uno de los primeros habitantes de Dota que tenía una fábrica de tejas se trajo 27 matas de café en escoba (sin tierra en las raíces), las sembró y por la riqueza del suelo pegaron. Así inicia la historia del café en Santa María, con el paso del tiempo más y más productores comenzaron a sembrar y producir nuestro grano de oro, pero no tenían dónde entregarlo, el beneficio más cercano estaba en Desamparados y se llama “La Raya”. En la zona, los intermediarios que lo recibían pagaban extremadamente poco al productor. La demanda del grano en el país era baja, y la producción no era abundante pues se carecía de la técnica y el conocimiento para cultivar apropiadamente el café; lo que complicaba aún más la tarea.

Es aquí cuando pasa algo increíble, que impactará la vida y el futuro de esta comunidad: un grupo de 96 productores deciden unirse por un sueño mayor: el bien común, y el 14 de octubre de 1960 fundan COOPEDOTA.